Dengue en Cuba
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La desacreditada labor del delegado
LOURDES GÓMEZ | Santiago de Cuba | 14 Nov 2015 – 5:59 am.

A ningún ciudadano en sus cabales se le ocurriría hacer un pedido a la
Asamblea Municipal o Provincial del Poder Popular. A nadie le interesa
conocer sus interioridades legislativas.

Eran las 7 pm y en Rajayoga, un barrio de Santiago de Cuba, el ruido
ensordecedor de una bazuca, desquiciaba a los vecinos, forzados a salir
de sus casas para que fueran fumigadas. La intempestiva hora se debía a
la localización de un repentino foco de dengue que había provocado
varios cuadros febriles. De repente se escucharon los gritos de un
hombre pidiendo a los dispersos e irritados vecinos que se acercaran a
un área iluminada para dar inicio a la reunión de rendición de cuentas.

En el área de reuniones solo había siete personas, todos evidentemente
jubilados, que fueron los únicos que acudieron a la convocatoria de
forma voluntaria. La falta de quórum obligó a uno de ellos a dar las
voces. Algunos escépticos se acercaron, otros se escabulleron para no
tener que escuchar la misma diatriba de problemas que el delegado no
puede resolver. La apatía hacia estas reuniones protocolares se generaliza.

A partir del 1 de noviembre hasta el 15 de noviembre se celebran en las
diferentes circunscripciones estas asambleas. El proceso es simple, se
cita a los vecinos para que discutan y planteen sus problemas y, al
mismo tiempo, se analiza la gestión del delegado.

La fachada democrática del “poder del pueblo” debe pasar por la asamblea
de rendición de cuentas del delegado a sus electores, instancia primaria
que disfraza una estructura gubernamental totalitaria en una de carácter
democrático popular. Pero es un sistema en el que nadie cree, el
delegado es una figura decorativa, un mandadero al que le es imposible
resolver nada.

De hecho, a ningún ciudadano en sus cabales se le ocurriría hacer un
pedido a la Asamblea Municipal o Provincial del Poder Popular. A nadie
le interesa conocer sus interioridades legislativas. Su presidente,
presunto alcalde o gobernador de la ciudad, también es ignorado, no solo
por el pueblo sino también por los medios oficiales. El poder real lo
tiene el Partido Comunista en la figura de su primer secretario en las
provincias.

Ellos son, de facto, la máxima autoridad, una especie de reyezuelos de
diminutos Estados, que solo responden al líder supremo que los coloca
en sus puestos. Son designados en las reuniones del Buró Político y se
les destituye a su placer. Decisiones tomadas sin tener en cuenta las
instituciones. La estancia en el puesto no tiene límites reconocidos de
tiempo. De su gestión gubernamental y administrativa depende el progreso
de la provincia y su evaluación partidista.

El pueblo sabe que sus peticiones deben dirigirse al secretario del
Partido, y este como magnánimo gobernante considerará la respuesta a sus
problemas. La desacreditada labor del delegado, ya no se sostiene aunque
el régimen persista y obligue a los ciudadanos a su elección. Por ello
el comentario de uno de los vecinos al terminar la asamblea: “Seguimos
igual, 40 años sin resolver la llegada a tiempo del pan”, algo mínimo
pero bajo el control centralizado del Gobierno de la ciudad.

Source: La desacreditada labor del delegado | Diario de Cuba –
www.diariodecuba.com/cuba/1447282905_18070.html

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