Dengue en Cuba
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Carnavales contra la tristeza
Si alguna fiesta no desean perderse los guantanameros es ésta. Muchos
comienzan a ahorrar apenas terminan, pensando ya en las próximas
martes, agosto 18, 2015 | Roberto Jesús Quiñones Haces

GUANTÁNAMO, Cuba – El pasado domingo concluyeron los carnavales de
Guantánamo, fiestas que en el 2012 recibieron el premio “Memoria Viva”,
otorgado por el Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello.

Oficialmente las fiestas comenzaron el domingo 9 de agosto en horas de
la tarde con el carnaval infantil, un invento oficialista que no guarda
ninguna relación con el origen de estas fiestas y que esta vez fue muy
deslucido, aunque si de actividad comercial se trata los carnavales
comenzaron desde principios de mes con la entrada en funcionamiento de
los llamados “reservados”, construcciones rústicas a las que se accede
previo pago de la entrada donde a medida que pasa el tiempo y aumenta la
afluencia de público se convierten en un pandemónium debido a la bulla y
la música a todo volumen.

Muchos guantanameros pensaban que sus fiestas carnavalescas correrían el
mismo destino que las de Holguín, suspendidas por el dengue. La cercanía
de ambas ciudades, la carencia de agua que padece la provincia y los
riesgos que para la salud tienen las aglomeraciones de personas parecían
obstáculos infranqueables, pero primó el interés económico del gobierno.

Hasta una bella revista de 32 páginas policromadas con la historia del
carnaval guantanamero fue publicada por la Asamblea Municipal del Poder
Popular, hecho insólito si tenemos en cuenta lo que debe haber costado y
porque jamás los escritores del terruño han contado con una publicación
semejante.

Estas fiestas estuvieron dedicadas al 145 aniversario de la entrega del
título de Villa por la corona española a Guantánamo, al centenario del
natalicio de Lilí Martínez Griñán, músico guantanamero de resonancia
nacional, al 130 aniversario del carnaval en Guantánamo, a los 70 años
del grupo de Changüí y a los 89 años del nacimiento de Fidel Castro.

Carnavales en Guantánamo: un poco de historia

Según los trabajos publicados en la revista de marras los orígenes de
los carnavales en Guantánamo se remontan a la primera mitad del siglo XIX.

Las fiestas eran organizadas por la administración colonial junto con la
Iglesia Católica y se celebraban los días 22 y 23 de junio, alrededor de
la fiesta de San Juan Bautista; los días 22 al 26 de julio y del 13 al
16 de agosto, día este último en que se conmemora la fiesta de San
Joaquín, patrón de los carnavales guantanameros. En aquéllos tiempos las
fiestas alternaban con competencias de natación y de pesca del Joturo,
un pez propio de acá, en las márgenes del río Guaso.

Bajo el gobierno del alcalde catalán Rafael Llopart Ferrer, alrededor de
1884, las fiestas adquirieron mayor organización y disciplina. Entre las
comparsas que desfilaban entonces por las cortas y polvorientas calles
de la Villa estaban “Los mamarrachos” y “Carabalí”. También había paseos
de carrozas.

En el siglo XX el carnaval guantanamero continuó progresando en calidad
y colorido debido a su carácter esencialmente popular. A finales de la
primera década figuras relevantes de la trova como Benito Odio y
Leopoldo Rubalcaba lideraron parrandas. En la década de los años treinta
surgió la “Unión de Amigos del Algarrobo”, sociedad de jóvenes humildes
que gestaron la famosa comparsa “Maria Moñitos”. Otras comparsas de la
época, que encendían la rivalidad entre las zonas de la ciudad que
representaban eran “La arrolladora” y “Negro Fino”.

También hubo personajes populares como “La muerte en cueros”, “El doctor
chiringa”, “El capero”, ”Los diablitos” y “El caballito”, cuya
presencia, luego de muchos reclamos, se ha restablecido desde hace pocos
años.

Un período de gran esplendor de estas fiestas fue la segunda mitad de la
década 1940-1950 debido a que la compañía Frederick Snare Corporation
inyectó una fuerte suma de dinero a la base naval norteamericana para
que se ampliara. Afluyó gran cantidad de personas a la zona porque
aumentaron las ofertas de empleo y la ciudad resultó beneficiada. Esta
influencia económica se sintió también en los carnavales donde las
sociedades Unión Club, Siglo XX y Club Moncada contaron con la actuación
de las orquestas Cristal y Los Champions, dirigidas por Rafael Inciarte
Brioso y Lilí Martínez, glorias de la música cubana. También actuaba
en esos días la orquesta jazz band de la Marina de Guerra norteamericana.

Pero después de 1959- esto no lo dice la revista-, los carnavales
guantanameros, como los del resto del país, fueron sometidos a un férreo
control del estado. La iniciativa popular fue sustituida por las
directrices de los burócratas de la cultura, fueron prohibidos los
disfraces, la elección de la reina y luceros del carnaval, restringidos
los movimientos de las comparsas y sus coros sometidos a la censura. Lo
folclórico terminó sepultado por una gigantesca oferta culinaria de
sospechosa elaboración y abundantes cantidades de alcohol y cerveza
barata, todo bajo un impresionante despliegue policial.

A pesar de todo

A pesar de las grandes diferencias entre aquéllas fiestas y éstas los
carnavales de Guantánamo continúan gozando de gran arraigo popular,
sobre todo entre la gente más humilde.

Si alguna fiesta no desean perderse los guantanameros es ésta. Muchos
comienzan a ahorrar pequeñas sumas de dinero apenas terminan las
fiestas, pensando ya en las próximas. Miles de montunos ocupan las casas
de sus familiares en la ciudad, aunque tengan que dormir en el piso.
Otros regresan a Guantánamo desde su actual residencia en el país y
hasta del extranjero para disfrutar estos cuatro días de carnaval.

Es un tiempo frenético donde casi no se duerme. Las frustraciones y
penurias parecen eliminadas por la fanfarria, los reencuentros, la
música y el alcohol. Cuatro días donde muchas veces la violencia asoma
su rostro, pero donde también aparece sin subterfugios la nobleza y
solidaridad de los guantanameros. Cuatro días para olvidarse de todo lo
que obstaculiza la dura vida cotidiana de los más humildes, los
engañados, discriminados y oprimidos de siempre.

Estos carnavales han estado marcados por la incapacidad del estado para
suministrar comida a los abundantes quioscos que con tal objetivo se
levantaron en varias zonas de la ciudad, sobre todo en la calle Carlos
Manuel de Céspedes. Fueron los particulares quienes hicieron la oferta
gastronómica más estable y variada aunque hubo quejas en cuanto a la
elaboración de las raciones de pollo y los altos precios de los
alimentos y en el área infantil. Causó disgusto entre los espectadores
ubicados en la calle Pedro A. Pérez que muchos de los figurantes de las
carrozas y comparsas no bailaran alegando que estaban cansados y debían
guardar energías para cuando pasaran frente al jurado. Las cinco
carrozas participantes en los festejos provenían de Santiago de Cuba.

Esos cuatro días terminaron. Regresó el tiempo de ir bajando la cuesta o
de subirla, según el caso, como en la famosa canción de Joan Manuel
Serrat. Nos quedan las calles sucias, el mal olor en las esquinas, el
desmontaje de los quioscos, los borrachos y mendigos que nadie quiere
ver, el cruento sol y, otra vez, la dura vida cotidiana.

Source: Carnavales contra la tristeza | Cubanet –
https://www.cubanet.org/actualidad-destacados/carnavales-contra-la-tristeza/

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