Dengue en Cuba
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Otro punto para el mito de la salud pública cubana
De ser cierto el reconocimiento de Cuba como “primer país a nivel
planetario” en eliminar la transmisión del VIH y la sífilis de madre
gestante a hijo, estaríamos ante un verdadero milagro
miércoles, julio 1, 2015 | Miriam Celaya

LA HABANA, Cuba. – Un nuevo y extraordinario logro del sistema de salud
cubano fue dado a conocer por el monopolio informativo oficial este
martes 30 de junio. Esta vez la fanfarria celebra –ni más ni menos– el
reconocimiento de Cuba como “primer país a nivel planetario” en eliminar
la transmisión del VIH y la sífilis de madre gestante a hijo. La
grandilocuencia es una asignatura obligatoria para los comunicadores de
los medios castristas.

Según el reporte, para alcanzar tan significativo reconocimiento fueron
precisos tres pasos: la presentación del informe por parte de las
autoridades correspondientes de la Isla –y ya sabemos cuán confiables y
verificables son éstos–, la “visita de expertos” de la Organización
Panamericana de la Salud (OPS) que validaron el informe, y finalmente la
decisión de dicho organismo internacional, así como de la Organización
Mundial de la Salud (OMS), que certificaron el prodigio, solo posible
gracias a que Cuba “destaca por un sistema social de equidad y justicia”
y también por la “amplia participación de la sociedad civil” en los
programas de salud. Eso, entre otras maravillas que solo se producen en
esta bendita isla tocada por la gracia de una mítica revolución infinita.

Por su parte, la sede del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia
(UNICEF) en La Habana también dedicó el panegírico de rigor al fabuloso
sistema de salud con que nos privilegia nuestro bondadoso gobierno,
ofreciendo con ello mayor aliento a la encomiástica facundia del coro de
pregoneros. No caben dudas de que la exportación de médicos esclavos
cubanos en tierras extranjeras ha sido una carta política bien jugada
por la cúpula verde olivo, asegurándose la aprobación total de los
organismos internacionales a los que se les hace en extremo dificultoso
disponer de un ejército profesional de tal envergadura en el mundo libre.

Sin embargo, de ser cierto el merecimiento de esta ocasión, estaríamos
ante un verdadero milagro, sobre todo si tenemos en cuenta que en la
actualidad han desaparecido los programas para el control y tratamiento
del VIH-SIDA en numerosas áreas de atención de la salud –como es el caso
del policlínico Van Troi, en el populoso municipio Centro Habana–, así
como los otrora rigurosos programas materno-infantiles.

Por eso resulta cuando menos contradictorio explicar un logro de la
envergadura del que otorgan hoy los más encumbrados organismos
internacionales de la salud al “sistema cubano”, mientras se han
contraído a su mínima expresión los referidos programas, a la vez que
han aumentado las carencias materiales de los centros de asistencia de
la salud a todos los niveles, la escasez de personal calificado
–justamente porque decenas de miles se encuentran prestando sus
servicios como misioneros en otros “países pobres”–, se han tornado
endémicas varias enfermedades que producen epidemias cíclicas, y son
crónicas la falta de medicamentos y la insalubridad general.

Parecería que estamos asistiendo a una suerte de conspiración global
empeñada en demostrar al mundo los beneficios de vivir bajo una
dictadura bipolar –mala hacia dentro, buena hacia el exterior– que se ha
convertido en ejemplo a seguir incluso para las naciones más
democráticas del planeta.

Mientas, un suspiro de alivio debe estar recorriendo la Isla entera: ya
el rebaño puede (sobre) vivir tranquilo. Ahora sabemos que en lo
sucesivo seguiremos con riesgo de contraer enfermedades como el dengue,
el chikungunya, las “infecciones diarreicas agudas” el AH1N1 y todas sus
mutaciones, las inmundicias que nos transmita el caracol gigante
africano, o cualquier regalo similar que pudieran traernos nuestros
abnegados galenos desde tierras remotas; pero –por más que el VIH se
siga extendiendo entre la población adulta y juvenil– ya no nacerán
niños portadores del VIH, ni heredarán la sífilis de sus madres. Es un
verdadero consuelo.

Y si en principio y con justicia, es magnífico que las inocentes
criaturas que vienen al mundo no deberían sufrir las consecuencias de la
irresponsabilidad de sus mayores, esto no resulta suficiente en absoluto
para la beatificación del sistema cubano de salud.

Sería de desear que los datos estadísticos e informes que tanto
fascinaron a los “expertos” de la OPS y a los altos funcionarios de la
OMS como para dar este nuevo espaldarazo al Palacio de la Revolución
estuvieran al acceso de todos los cubanos y de cualquier interesado en
el tema en cualquier parte del mundo. Por supuesto, también deberían ser
informaciones contrastables. No es nada personal; solo ocurre que
últimamente la sola mención de esa especie sacra conocida como
“expertos” me causa escalofríos. Y por otra parte, me consta que medio
siglo de secretos y componendas de una pequeña élite que ahora se
recicla en el poder absoluto de Cuba, genera entre nosotros, los
cubanos, igual cantidad de tiempo acumulando suspicacias. De ahí que en
estos tiempos resulta infinitamente más fácil para los Castro engatusar
al mundo entero que a solo varios millones de cubanos.

Source: Otro punto para el mito de la salud pública cubana | Cubanet –
http://www.cubanet.org/opiniones/otro-punto-para-el-mito-de-la-salud-publica-cubana/

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