Dengue en Cuba
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Dengue en Cuba
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Virus reciclados
[14-06-2013]
Aimée Cabrera
Corresponsal

(www.miscelaneasdecuba.net).- Si antes, y no precisamente antes del
1959, los virus tenían su fecha, ahora conviven con las personas los 365
días del año, y son difíciles de atacar por su resistencia a los
medicamentos, razón por la cual los contagiados tienen que ser
ingresados en hospitales, además de a veces quedar con futuras secuelas
y, en menor grado, han encontrado la muerte.

Los virus más peligrosos son los que entran al cuerpo humano, a través
de las vías respiratorias, tienen un período en que se confunden con
simples catarros o estados virales, hasta que la resistencia a distintos
antibióticos, y el visible deterioro, pone en alerta a los galenos y
familiares del enfermo donde el desenlace, en ocasiones, es fatal.

Otros virus llegan a la casa por un portador que no sabe dónde lo
adquirió, debido a la falta de higiene existente, por lo menos en la
capital, tan superpoblada, este fenómeno es muy visible. En primer
lugar, los artículos para lograr la limpieza e higiene necesarias son
muy caros.

Los cuentapropistas revenden los mismos en pesos pero en su equivalente
a la moneda convertible, a veces un poco más, por lo que “yo trato de
limpiar una vez a la semana después que lavo; aquí siempre hay problema
con el agua y hay que tener agua para todo, no puedo hacer más”-comenta
una trabajadora residente en el municipio capitalino de Centro Habana,
uno de los más poblados, con serios problemas habitacionales, y carencia
casi permanentemente del preciado líquido.

Las tiendas recaudadoras de divisas , llamadas “Shopings” están
desabastecidas pero siempre se encuentran en exhibición productos
diversos desde desengrasantes, lejías, desencrustantes y otros que
oscilan en un rango de precio cercano a los tres CUC -75 pesos si se
compran en la casa de cambio- ¡sobran las apreciaciones!

El P-16 comienza su itinerario en el paradero de ómnibus de Santiago de
las Vegas, en el municipio Boyeros y concluye su recorrido en Centro
Habana, zona muy cercana al hospital Hermanos Ameijeiras. Un grupo de
pasajeros paga al chofer y entra, el vehículo tiene sus escasos asientos
rotos y sucios, el piso lleno de papeles y costras de quienes entran
ingiriendo alimentos y a saber, la procedencia de todo lo que se puede
observar, aunque no hay olores fétidos.

Agarrarse de cualquier parte de “la guagua”, bajarse y seguir camino al
trabajo, la escuela u otra gestión y permanecer con las manos sucias por
la falta de agua y baños donde quitarse la mugre es peligroso y puede
ser la causa de convertirse en portador de un virus contagioso;
padecerlo y transmitirlo a otros que convivan o se relacionen con el
afectado.

En este caso están los que dan fiebre, congestión nasal, dolores en las
articulaciones y ocasionan fuertes dolores de cabeza irritando la
garganta. Pueden aparecer en otras variantes como los diarreicos.

El fuerte calor y la humedad son causantes de que los alimentos, a
simple vista se vean frescos, y estén contaminados con bacterias. Es muy
difícil no contraerlos porque las bacterias están en todas partes: en
los comedores, las cocinas, las cafeterías y restaurantes, tengan o no
una aparente higiene.

“¡Qué voy a hacer!”, “¿morirme de hambre?” – dice un joven que lleva
unos dulces en un pote mientras habla y degusta otro. Las personas lucen
ansiosas por las calles habaneras y comen no solamente sentados, sino
parados o al trasladarse, sus manos no pueden estar limpias, es un
riesgo que corren a diario, el cual puede darles un buen susto.

“Mis hijos dicen que estoy loca. A mucho rogar, el más chiquito se lleva
un pomo con agua hervida para la escuela, pero me dice que no le
alcanza. El mayor ¡ni hablar! Dice que se van a reír de él en la
escuela, come y toma lo que aparezca, yo sí no tengo complejo y me llevo
dos pomos (frascos): uno con agua sin hervor para lavarme las manos y
otro con agua hervida, que lo siento pero no le doy a nadie”- explica
una trabajadora de contabilidad, residente en Plaza.

Otros como un abuelo jubilado comenta que “me llego a la escuela del
niño (el nieto) y le vuelvo a llevar agua hervida para por la tarde
cuando le llevo el almuerzo. Esa porquería de merienda él no se la
come”- refiere el anciano ante el pan con pasta y el yogur de soya a
temperatura normal que deben ingerir los estudiantes de secundaria básica.

Vecinos de la localidad del Cobre, en la provincia de Santiago de Cuba y
otros que viven en distintos municipios de la Isla comentan ya, de la
presencia del Dengue y el Cólera, sin llegar a cifras alarmantes. El
Ministerio de Salud Pública (MINSAP) no divulga a la población las
estadísticas de todas estas y otras enfermedades. Escasos spots
publicitarios presentan mensajes relacionados con el tema para alertar.

De nada vale que las entidades oficiales creen normas e impongan multas
en los establecimientos que venden comestibles. La suciedad de las
calles, de los establecimientos, los portales como los de la Calle
Infanta, Monte, Reina o Galiano, en los que no se puede ver el color del
piso por el hollín de años, los centros de trabajo, escuelas y
hospitales donde los baños carecen de herrajes y están clausurados o
quienes entran no tienen donde lavarse las manos, dan una idea general
del por qué de tantos virus y enfermedades, que parecen no tener, para
cuando acabar.

http://www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/51bad7773a682e0728b20dd9#.Ubs22Zzhe5o

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