Dengue en Cuba
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Dengue en Cuba
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Clima, Huracán Sandy

Urgente la ayuda humanitaria

La destrucción y las inundaciones causadas por el huracán Sandy en las
provincias orientales de Cuba demandan la solidaridad de todos los
cubanos, donde quiera que residan, y de la comunidad internacional

Miriam Leiva, La Habana | 29/10/2012 9:01 am

"El panorama es desolador. Nunca antes había vivido algo así. Esto ha
sido peor que el ciclón Flora en 1963". Esas son angustiadas expresiones
de los pobladores de la región. La destrucción y las inundaciones
causadas por el huracán Sandy en las provincias orientales de Cuba
demandan la solidaridad de todos los cubanos, donde quiera que residan,
y de la comunidad internacional con la mayor urgencia. El Gobierno debe
llamar a la asistencia humanitaria mundial sin exclusiones, y abandonar
el rechazo impuesto por Fidel Castro con motivos de desastres naturales
precedentes. No existen recursos del Estado para atender las necesidades
básicas de la población ni reservas personales para restituir lo dañado
y perdido, en lugares donde aún parte significativa de la población
continúa damnificada desde el paso del ciclón Ike en 2008. Además, hay
que tener en cuenta que en las cinco provincias orientales se ha
incrementado la pobreza progresivamente, incluso desde hace mucho tiempo
el Programa Mundial de Alimentos de la ONU contribuye con alimentos,
esencialmente para los niños.

Sandy penetró a tierra por Santiago de Cuba con categoría 2, vientos de
unos 120 kilómetros por hora, y rachas de hasta 260 km/h. También
castigó la provincia de Guantánamo y relativamente menos a Granma
(Bayamo/ Manzanillo). No se debilitó al atravesar las montañas y salió
por Punta Lucrecia en la Bahía de Nipe, Holguín, recorriendo 150
kilómetros en 5 horas. En esta provincia, los municipios de Mayarí,
Cueto, Antillas, Banes, Rafael Freire, Urbano Noris, Báguanos y Sagua de
Tánamo, que no habían podido restablecerse adecuadamente de los
arrasadores impactos de Ike, están nuevamente devastados. Los poblados
de las zonas montañosas quedaron incomunicados.

Coinciden las limitadas informaciones de los residentes y las vistas
expuestas en la televisión nacional sobre los derrumbes parciales o
totales de miles de viviendas; el gran deterioro de centrales
azucareros, instalaciones hospitalarias, escuelas, iglesias, estadios
deportivos, almacenes de alimentos y otras mercancías con daños a los
productos; la destrucción de carreteras, caminos, vías férreas y
puentes; amplias extensiones inundadas por las lluvias y las crecidas de
los ríos; la ausencia de electricidad por la salida de servicio de las
termoeléctricas de Felton y Renté, y la caída de torres de alta tensión
y el tendido de distribución; afectaciones en la telefonía y el centro
de televisión de Santiago de Cuba; la pérdida de café en el pico de la
cosecha, cacao, plátano, arroz y cultivos varios siempre deficitarios de
la improductiva agricultura nacional, así como serias pérdidas en campos
de caña de azúcar; y el gran desplome de árboles. Podrían citarse
muchísimas calamidades más.

Según narraciones de lugareños, no recibieron información adecuada sobre
la fortaleza del huracán, por lo que no pudieron tratar de proteger sus
endebles viviendas carcomidas debido a al paso de tantos años desde la
construcción, sin posibilidad de mantenimiento, y muchas con techos de
finísimas láminas de zinc o fibrocemento, ni lograron poner a salvo sus
escasas pertenencias de algún valor como colchones, muebles,
televisores, refrigeradores y cocinas. Resultó imposible acumular
comestibles por la tradicional escasa venta del sistema de
racionamiento, y la carencia de dinero para comprar en las tiendas de
venta en divisas, como tampoco velas u otros medios para auxiliarse. El
Comandante en Jefe ordenó hace años que todos los cubanos tendrían que
cocinar con electricidad, por lo que en las actuales circunstancias sin
esa energía, tendrán que "progresar" hacia el consumo de leña, pues no
se vende keroseno u otro combustible.

El dengue y el cólera se han paseado por algunos lugares de las
provincias orientales en los últimos meses, por lo que las deplorables
condiciones actuales, que podrían prolongarse, aumentan el peligro de
epidemias de estas y otras enfermedades. Se había informado oficialmente
el fallecimiento de 9 personas en Santiago de Cuba y 2 en Guantánamo, la
mayoría como resultado de lesiones ocasionados por derrumbes.

En la medida en que avancen los días se podrá conocer mejor las
apremiantes circunstancias en que han quedados los orientales cubanos.
Ellos necesitan alimentos, medicinas, ropa, calzado y materiales de
construcción, asi como medios para trabajar en busca del sustento
honesto y productivo. Para ello, el Gobierno debería levantar las
restricciones aduanales repuestas recientemente, a fin de facilitar los
envíos. Teniendo en cuenta la imposibilidad del Estado de brindar
asistencia para la recuperación rápida, el pueblo merece que el Gobierno
realice un llamado para recibir ayuda humanitaria, para ser distribuida
con rigor y eficiencia.

http://www.cubaencuentro.com/cuba/articulos/urgente-la-ayuda-humanitaria-281178

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