Dengue en Cuba
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Sociedad
¡Esta antena es mía!

En marcha una nueva ofensiva de las autoridades contra la recepción de
señales extranjeras de televisión.

Eva González, Ciudad de
miércoles 14 de febrero de 2007 6:00:00

Informaciones no confirmadas, basadas en testimonios de algunos que
dicen ser espectadores de los hechos, aseguran que en Alamar se produjo
por estos días una nueva ofensiva contra las antenas parabólicas. Como
la del , las antenas se han convertido para las
autoridades de la Isla en un mal que amenaza con ser endémico. Al menos
para quienes quieren "sanear" las conciencias de algunos descarriados
que gustan de los productos televisivos del enemigo.

Según se cuenta, el celo de los centinelas de la censura ha llegado al
extremo de romper líneas hidráulicas en algunas zonas de esta
tristemente célebre ciudad-dormitorio, toda vez que los transgresores
han refinado sus métodos y ocultado los cables, extendiéndolos a través
de las redes de agua potable.

La mencionada ofensiva contra las antenas abarcó varios puntos de la
capital, como parte de un operativo de los que responden a campañas
cíclicas para poner un parche temporal al saco roto.

Así ocurrió también en un barrio del municipio Cerro, donde era digno de
verse el espectáculo de los vecinos halando desesperadamente los cables
desde sus casas y apartamentos, en cuanto desembocaron en las cuadras
los vehículos de la policía encargados del chequeo y decomiso de los
equipos, y de las correspondientes detenciones a los infractores.

Las imágenes parecían un desesperado torneo de pesca: los vecinos
recogían cables desde ventanas, balcones y azoteas, mientras la policía
procuraba atrapar in fraganti a los emisores centrales clandestinos.

La apremiante actualidad de ''

A tenor de esto, el diario oficial Granma publicó en su edición del
jueves 8 de febrero el artículo Caso Antena y otras ilegalidades, que
hace referencia al operativo que tuvo lugar en marzo de 2005. Sin
embargo, nada informó acerca del actual, realizado casi un año después.

La articulista expone que en el país existen regulaciones judiciales que
condenan estas actuaciones que atentan "contra la soberanía y contra los
valores culturales, educativos y patrióticos del pueblo cubano", sin
mencionar que es el pueblo el que persiste una y otra vez en buscar
acceso a esos productos supuestamente tan lesivos a los valores
culturales y educativos. Nada nuevo.

Estos operativos, como la reacción popular ante ellos, son sólo la
manifestación externa, el fenómeno visible, la punta del iceberg. El
asunto responde a causas cuya explicación sería mucho más profunda.

Los diarios oficialistas se limitan, en todos los casos, a reportar el
aspecto netamente represivo del fenómeno: tal o cual sujeto se dedica al
tráfico ilícito de antenas, a su construcción o distribución,
instalación y venta, convirtiéndose así en un delincuente con afán de
enriquecimiento que, por añadidura, comete un delito que lo coloca
peligrosamente en los límites de la "contrarrevolución": es susceptible
de ser acusado de "hacerle el juego al imperialismo", promover el
diversionismo ideológico, o contribuir a la divulgación de propaganda
enemiga; y recibe la condena correspondiente.

Es decir, la está en función de mostrar aquellas aristas de los
hechos que podrían servir de escarmiento, no sólo a los
comercializadores de la tecnología que permite acceder a la televisión
extranjera, sino a sus consumidores reales y potenciales, cuyo número es
desconocido en su verdadero monto, pero debe ser abrumadoramente alto.

Ningún articulista de la prensa oficial se ha preguntado públicamente
cuántos hogares cubanos, especialmente de la capital, instalan la antena
o alquilan el derecho a "tirar un cable" por el precio de 10CUC
mensuales (240 pesos, prácticamente el monto de un salario medio en
), o por qué persisten en enfrentar el riesgo de hacerlo.

No se salva ni Telesur

Lo cierto es que el acceso a la "televisión enemiga" está tan extendido
y resulta tan cotidiano, que los cubanos se refieren a ella como "el
Canal Educativo 3", en jocosa alusión a los canales oficiales de la Isla
(canales educativos 1 y 2). También comentan a viva voz en lugares
públicos las incidencias de los culebrones y otras series que pasan "por
la antena", con la misma naturalidad que si se tratara de la telenovela
de turno de Cubavisión.

No son pocos los que van más allá. Muchas personas se preguntan cómo es
posible que si resulta tan desestabilizador e injerencista el mensaje de
las transmisiones de televisión procedentes de Estados Unidos, los
equipos de antena decomisados sean "traspasados al Patrimonio del Estado
con el objetivo de que cumplan un fin social al ser destinados a
instituciones educacionales, centros asistenciales u hogares maternos",
según expone el artículo de Granma.

¿Cómo se explica que en miles de hogares cubanos esta opción no cumpla
una función social y sí lo haga en los lugares destinados por las
autoridades?

En todo caso, el gobierno no está muy seguro de la solidez ideológica
del pueblo. Acaso la sociedad de consumo que asoma desde la antena en
las pequeñas pantallas de las salas cubanas tiene la limitación de no
mostrar las miserias del Tercer Mundo (que vivimos a diario), o los
sorprendentes logros del ALBA y del socialismo del siglo XXI, que sí
muestra Telesur; aunque —dicho sea de paso— a este último tampoco
tenemos libre acceso. ¡Vaya usted a saber por qué!

http://www.cubaencuentro.com/es/encuentro-en-la-red/cuba/articulos/esta-antena-es-mia/(gnews)/1171429200

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